Nazarul Hasan, Sana Choudhary, Neha Naaz Nidhi Sharma
Los metales pesados son elementos altamente tóxicos con una densidad cinco veces mayor que la de la molécula de agua. En los animales, incluidos los humanos, existen diferentes procesos, como la ingestión, la absorción, etc., a través de los cuales ingresan al cuerpo. Cuando los metales pesados se acumulan a un ritmo mayor que el de la descarga, se vuelven dañinos para el animal. Las actividades antropogénicas de los humanos son la principal causa de contaminación del medio ambiente y de las ciudades de tamaño mediano. La quema de combustibles fósiles, la minería y el uso de sustancias químicas en los cultivos, etc., son partes de las actividades antropogénicas que contribuyen a la contaminación del medio ambiente. Los elementos metálicos tóxicos como el cadmio, junto con los nutrientes, también son absorbidos por la planta y se acumulan con el tiempo, lo que da lugar a infecciones. La producción y la calidad de los cultivos y las condiciones atmosféricas pueden verse afectadas por una alta concentración de metales pesados. Para evitar los efectos tóxicos de los metales pesados, las plantas desarrollaron varios mecanismos debido a los cuales los elementos tóxicos severos se excluyen, se retienen dentro de la raíz y se transforman en formas fisiológicas tolerantes. La contaminación por elementos metálicos pesados es la principal preocupación debido al aumento de la demanda de seguridad alimentaria. En esta revisión, hemos discutido el severo efecto de los metales pesados en la productividad y la interferencia de los elementos metálicos con un proceso bioquímico particular dentro de las diversas plantas de cultivo que hacen que las plantas no puedan tolerar el alto nivel de metales pesados presentes en el suelo ambiental.